Coldplay
Twisted
Logic Tour - Donostia - 25-11-2005
Crónica y Fotografías de Asier Sisniega El
día se mostraba desapacible en San Sebastián, los apenas
7 grados de
temperatura y la intensa lluvia invitaban a acceder rápidamente
al interior del
Velódromo de Anoeta para resguardarse de las inclemencias del
frío. Sin embargo,
un retraso en la apertura de puertas y unos controles exhaustivos a la
entrada
hicieron que el acceso de demorara demasiado y que mucha gente acabara
completamente empapada. En este punto quiero decir que algunos de los
miembros
de seguridad contratados para estos eventos suelen excederse en sus
formas,
pues algunos de ellos tratan a la gente que va al concierto como si
fueran
basura. En mi caso, el hecho de tratar de acceder al recinto con un
botellín de
agua hizo que el miembro de seguridad se comportara de un modo
más propio del
Tercer Reich que de un simple trabajador, todo ello bajo la intensa
lluvia. Con
cierto adelanto sobre el horario previsto y con las luces del recinto
todavía encendidas
apareció por sorpresa el propio Chris Martin, presentando a la
banda que habían
elegido como teloneros, un detalle de tremenda sencillez, una
declaración de
intenciones de que tiene los pies sobre la tierra y que no proviene de
ningún
planeta donde los artistas son intocables. El
grupo británico Goldfrapp apareció en escena con una
estética ochentera y
empleando igualmente algunos instrumentos propios de esa época.
Su música
mezcla de diversos estilos musicales, con acercamientos a la
electrónica no
acabó de enganchar al público en casi ningún
momento, salvo los instantes
finales que fueron los más intensos. Las canciones sonaron muy
parecidas entre
sí, con bases sonoras que se repetían en cada
canción. Una cantante que bien
podría querer ser la nueva Kylie Minogue, pero que apenas se
desplazaba por el
escenario o gesticulaba, lo que no la impidió regalarnos un
frotamiento de
distorsionador entre las piernas, algo bastante grotesco. Unos
tres cuartos de hora después, y una vez que se
había retirado el material de Goldfrapp de escena y con una
puntualidad
británica apareció una llamativa y luminiscente cuenta
atrás en la pantalla
panorámica que acompañaba al grupo. Cuando la cuenta
atrás llegó a su final,
Chris Martin apareció sobre el escenario y se unió a sus
compañeros ya
presentes. Tuve la suerte de poder estar bastante cerca del escenario,
bien
centrado y a apenas unos pocos metros de distancia de Martin como se
aprecia en
las fotos. Como en toda la gira el grupo arrancó con una intensa
Square One de
su nuevo disco X & Y.
El tema
desató el delirio de un público que venía
entregado de casa. A este
tema le siguieron Politik de su segundo álbum, un tema muy
querido por sus fans
y que deposita el protagonismo sobre el batería Will Champion y
su potente interpretación.
Con Yellow prácticamente una decena de grandes globos amarillos
cayeron rodando
por la tribuna principal hasta llegar al escenario donde Chris Martin
comenzó a
pincharlos con el extremo de su guitarra y dejar caer los
pequeños trozos
dorados que había en el interior de cada globo. El
concierto continuó con el primer single del nuevo álbum
Speed of Sound, un gran
tema, en especial en su segunda mitad. God Put a Smile Upon Your Face
sonó
francamente bien. X & Y la canción que da título al
disco, no funcionó tan
bien como el resto de material del mismo, aunque no deja de ser una
canción de
calidad. Ésta dejó paso a una efervescente White Shadows
que vino a redimir los
defectos de la anterior canción. En este punto se echó de
menos la
interpretación de Trouble, sin duda una de las mejores canciones
del primer
disco Parachutes, esperemos que la interpreten más a menudo en
sus giras.
Con
una progresiva y espectacular intro se llegó a la ya
mítica Clocks, uno de los
mejores temas de la noche, que Martin interpretó al piano con
gran intensidad,
dándolo prácticamente todo, pese a su maltrecha
muñeca derecha, vendada por una
tendinitis que le he acompañado durante toda la gira. El final
del tema fue
alargado con tanta fuerza como si estuviera en el mismísimo
Madison Square
Garden, para dar paso a la enorme Talk de su último disco, una
canción que en
directo hace temblar. Siguiendo el título de la propia
canción Martin
acostumbra a tomar el teléfono móvil de alguien de las
primeras filas y
“charlar” con quien está al otro lado,
recitándole unas cuantas estrofas de la
canción. La guitarra de Jon Buckland cobra especial
protagonismo, inundando
todo el pabellón con su sonido. Estos fueron los mejores diez
minutos del
concierto junto al final. Tras una breve escapada al backstage el grupo regresó al escenario para rematar la faena con tres temas más. Swallowed in the Sea dio paso al primer single de su segundo álbum In My Place, donde un Martin en buena forma se lanzó a correr (previamente se había columpiado sobre su estómago en una de las vallas del escenario) acompañado de un séquito de guardaespaldas para introducirse entre el público en el mismo centro de la grada, lugar donde interpretó los últimos momentos de la canción.
Rápidamente
regresó corriendo sobre sus pasos los
bastantes metros que le separaban del escenario para comenzar al piano
la
última canción del concierto, Fix You, un final redondo.
Tras haber trenzado
suavemente las primeras estrofas, la guitarra se desata para dar paso a
la
apoteosis con un Chris Martin girando una bombilla colgada desde el
techo sobre
el público, un toque original y ya característico de esta
gira. Al acabar esta
canción fue sorprendente ver como Chris Martin recorría
el escenario de un
extremo al otro agradeciendo personalmente a algunas personas el haber
acudido
a su concierto y haber aplaudido, fue un saludo extrapolable al recinto
entero,
lo cual da buena cuenta de su sencillez. Pese a que ya sonaba el hilo musical que cierra todo concierto el público se resistía a pensar que aquello había terminado. Nadie se movía de allí, incluso después de ver cómo se desmontaba la batería y descendían los encargados de los cañones de luz. 90 minutos que a muchos pudieron saber a poco, pero que fueron realmente intensos. Un grupo que ya empieza a leerse en los medios como la mayor banda de pop del planeta, y sus parecidos con U2 y Radiohead, seguidores confesos de estos grupos. En mi opinión están en el buen camino, y si siguen por esta senda de sacar grandes discos y mejores directos pueden ser los herederos naturales de estos grandes de la música. No olvidemos que los miembros apenas tienen 27-28 años y una colección de grandes canciones importante a sus espaldas. El futuro está en sus manos.
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